Playaso
Retorno a
lugar conde nace la tierra y el mar. Odisea de un sábado por la noche. El ocaso
de la visita y la bienvenida de gotas de lluvia.
La playa
es inmensa. Gilbert es capaz de recorrer toda la costa durante muchos minutos y ver las olas como le
intentan alcanzar y no se cansa de pisar fuerte en la arena mojaba y ver ese
efecto que el agua que escurre de donde se presiona. Eran las vacaciones del
2015 a inicios de febrero cuando el padre de Gilbert propuso ir de viaje a la
playa en la camioneta. El tema salió a flote en otra mañana en la que todos
estaban presentes, Álvaro, hermano de Gilbert había sugerido que sea a fin de
mes.
Hacia cuanto
tiempo que no viajaba a la playa, 4 años que no fue a pasar el verano junto al
mar. Anhela su magia en el atardecer, la vida nocturna llena de exposiciones de
arte, conciertos, y lugares para visitar. Y la brisa marina que al despertar
por la mañana rosaba su piel y de cierta manera aliviaba la insolación por el día
anterior que estuvo sin bloqueador.
El primer contacto con el agua del mar, olas que traen
historias de quien sabe que lugares, puertos, islas, bahías y playas habrá tocado
esa agua. No esta fría, no como el agua que sale de su pilón en su casa, esa
agua es hielo liquido congelante al tacto.
Hace memoria y recuerda las playas de Lima, esas aguas
son tranquilas, no tiene olas rompiendo violentamente por la fuerza del viento.
Por lo tanto no existe la sinfonía que componen las olas al romper una tras
otra. No en Lima es para que se entre al mar y uno se deje llevar por el vaivén
de las ondas que pasan muy a menudo sin llegar a formar olas considerables.
Es sábado por la mañana, 11:00 horas exactamente, ha
entrado ya varias veces al mar, el mar lo ha revolcado un par de veces, pero Gilbert
también le hizo frente con unos clavados. Ahora le retuerce un poco la cabeza
por el poder de las olas y la sal y el agua que se escurrió dentro del oído.
Ahora se para enfrente y observa a la naturaleza
trabajar, porque es sábado y necesita divertir a las personas que acuden a sus
playas. No muy lejos observa la bandera de advertencia que el salvavidas puso
apenas llegó. Se cuestiona sobre el significado de los colores de las banderas.
Cuestiones
Le divierte lo que concluye en su pensamiento. Así mismo
se dice, los colores de las banderas son códigos que indican el grado de
peligrosidad del mar y que todos respetan. Bandera roja y negra es mar
peligroso uno no se puede meter. Bandera azul mar bueno, es la bandera que casi
nunca se ve. Cuando se pone bandera blanca es que se perdió alguien, un niño
por decirlo y la gente se amontona y cuando encuentran al niño todos pasan en procesión
aplaudiendo a la madre que no dejo de buscar, y ese es un momento en el que a
uno le da ganas de preguntar si -“¿ya me puedo meter al mar?”- y es que está
faltando información sobre el mar.
De momento recuerda que es la bandera amarilla la que
cuelgan muy seguido, que como él y otros saben significa mar dudoso. Sarcásticamente
resuelve; resulta que el mar hoy se despertó “dudoso”, entonces se imagina
preguntando al salvavidas - ¿puedo entrar al mar?-; - ahh nose.- responde es
salvavidas. Pero debe respetar porque ellos cuando aún no hay nadie en la playa
se adentran en el mar viendo si esta fuerte la corriente, y todo factor que
define el color de la bandera.
Gilbert sigue caminando por la playa y llega al muelle
y como ya imaginaba siempre hay gente pescando, con sus cañas y anzuelos
preparados con antelación. Algunos padres que por primera vez enseñan a sus
hijos como es que encallan algunos botes.
Al regresar al estacionamiento; donde estaba la
camioneta y donde había intentado dormir a noche anterior; y le viene a la
memoria el suplicio de esa noche. Luego de haber ido al malecón para un
concierto regreso a la camioneta extendió algunas mantas en la tolva del auto y
se recostó, sin embargo unos metros a la derecha un auto encendía sus parlantes
a todo volumen como haciendo acto de presencia. Perturbando el sueño de Gilbert.
Fue una larga noche, pudo distinguir desde rock,
salsa, merengue, pop, criollos, huayno y lo que no soporta escuchar, música chicha.
Pero nada le importo a sus parpados que en menos de media hora comenzaron a
entregarse a los brazos de Morfeo. Al día siguiente el panorama fue totalmente diferente,
las consecuencias de la noche anterior.
Luego de tres días transcurridos en la playa la tarde
del tercer día seria para la partida de vuelta a casa. Peo deseaba contemplar
por última vez el ocaso en el mar. Y como adivinando su partida el sol le
obsequio un genial atardecer en colaboración del mar.
4 horas después de haber partido llegaba a casa
exhausto por el viaje y la insolación, Gilbert deseaba un vaso de agua
refrescante para su sed. En Arequipa estaba lloviendo, y las gotas de lluvia refrescaban
el rostro de Gilbert.
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