jueves, 18 de junio de 2015

Génesis literario
El inició de un gusto, un pasatiempo, una lectura. Música que cambia la forma de pensar e inspira. El libro favorito de Gilbert.
Mientras despierta observa las cortinas moverse con el  vaivén del viento que se escurre por la ventana. Mientras se levanta le hecha un fugaz vistazo al horario que está en la pared. Gilbert mentalmente repasa la tarea que hizo la noche anterior, se cerciora de que su mochila este lista y termina de quitarse el pijama para ducharse.
Su madre lo apresura a cambiarse y a sentarse a la mesa para desayunar. Con la habilidad de un contorsionista se desprende de la toalla y logra vestir el uniforme que diez años lo ha acompañado. La vida en cuarto de media ya no es tan fácil como en primaria.
No le gusta llegar muy temprano porque se aburre esperando a que todos lleguen. Prefiere salir de casa a tiempo ni más ni menos. Así que a pesar de las órdenes de su madre se toma su tiempo para tomar sus cosas y dirigirse a su colegio.
Son siete y cuarenta, Gilbert es el sexto en llegar de los veinte estudiantes que ocupan el salón al fondo en el tercer piso del primer pabellón. Está ansioso ya le gustaría irse a casa, observa el reloj que cuelga en la pared del salón. Últimamente su maestra de lenguaje no le motiva a leer nada, siempre encarga a los alumnos que transcriban del libro de lengua al cuaderno unas páginas.
El último libro que en verdad le interesó fue "El hombrecito de gris", que por casualidad lo encontró mientras limpiaba y ordenaba su cuarto. Pero por motivación por parte de algún maestro, salvo algunos casos, no le invitaban a leer.
Era la tarde del martes él había tomado una combi de regreso a casa y cuando se disponía a centrarse en evitar dormir a toda costa, un joven de pelo crespo, que vestía camisa negra y un pantalón gris, llevaba consigo una mochila de la cual hizo aparecer un reproductor de sonido, uno portátil. Se presentó; era de la Universidad Nacional de San Agustín de la facultad de Literatura.
Rimando
Entonces con un ritmo atrapante le dio play a su boca.
Discúlpeme señor, discúlpeme señora, y es que yo no traigo cumbia de corazón serrano que usted adora. Ni mucho menos le traigo álbumes de al fondo hay sitio.  Bien yo solo digo lo que pienso, y si se ha dado cuenta la justicia en este país está por el piso.
La policía de esta extorsionando pero ellos viven de lo que tu estas pagando, y si te tratan como un delincuente no es tu culpa, dale gracias al presidente, que arrancar el problema de raíz, y cambiar al gobierno de nuestro país. A la gente que está en la burocracia a esa gente que le gustan las migajas. Yo por eso me quejo y me quejo, porque aquí es donde vivo y yo ya no soy un pendejo que no se da cuenta de los puestos del gobierno, hay personas que se están enriqueciendo.
Gente que vive en la pobreza, nadie hace nada porque a nadie le interesas, la gente de arriba e detesta hay más gente que quiere que caigan sus cabezas, si le das más poder al poder más duro te va a venir a joder. Porque fuimos potencia mundial, somos pobres, nos manejan mal.
Porque no nacimos donde no hay que comer, no hay porque preguntarnos como le vamos a hacer. Porque nos llevan por donde les conviene, y es nuestro sudor lo que los mantiene, los mantiene comiendo pan caliente ese pan de nuestra gente.
Es devastador ver que hay más gimnasios formando musculosos, pero que tienen el cerebro tuberculoso. Y mujeres de plástico que les gusta el reggaetón donde son el centro de atención, pero nada más son tratadas como objetos sexuales lo cual no son.
-         Gracias por su atención, abran un libro, culturícense y buenas tardes- finalizo el joven.
Gilbert le dio un sol por su performance y el buen ritmo. Pero más que todo le había quedado la idea de leer. Era raro que alguien desconocido te invite a leer y uno le haga caso.
Al llegar a casa, Gilbert rápidamente entro a su cuarto y cogió el libro que tiempo atrás le venía interesando. Tenía imágenes, lo cual le atraía mucho en los libros. Desempolvo la tapa y leyó: -“el caballero Carmelo”.
Esa misma tarde lo había terminado de leer, pero le dio vuelta y volvió a leer, estuvo en ese plan hasta por cuarta vez consecutiva. Le gustaba el Carmelo quería uno igual, hidalgo, imponente, soberano, se había convertido en el libro favorito de Gilbert.

Para su suerte el domingo al medio día su papa sintonizaba Radio Programas del Perú, estaba por comenzar “mi novela Favorita” con Mario Vargas Llosa. Ese domingo se transmitió “el caballero Carmelo”. Fue esta la situación que hizo del libro de Valdelomar para Gilbert uno de los mejores que había leído.

No hay comentarios:

Publicar un comentario