Génesis literario
El inició de un gusto, un pasatiempo, una
lectura. Música que cambia la forma de pensar e inspira. El libro favorito de
Gilbert.
Mientras
despierta observa las cortinas moverse con el
vaivén del viento que se escurre por la ventana. Mientras se levanta le
hecha un fugaz vistazo al horario que está en la pared. Gilbert mentalmente
repasa la tarea que hizo la noche anterior, se cerciora de que su mochila este
lista y termina de quitarse el pijama para ducharse.
Su
madre lo apresura a cambiarse y a sentarse a la mesa para desayunar. Con la
habilidad de un contorsionista se desprende de la toalla y logra vestir el
uniforme que diez años lo ha acompañado. La vida en cuarto de media ya no es
tan fácil como en primaria.
No le
gusta llegar muy temprano porque se aburre esperando a que todos lleguen.
Prefiere salir de casa a tiempo ni más ni menos. Así que a pesar de las órdenes
de su madre se toma su tiempo para tomar sus cosas y dirigirse a su colegio.
Son
siete y cuarenta, Gilbert es el sexto en llegar de los veinte estudiantes que
ocupan el salón al fondo en el tercer piso del primer pabellón. Está ansioso ya
le gustaría irse a casa, observa el reloj que cuelga en la pared del salón.
Últimamente su maestra de lenguaje no le motiva a leer nada, siempre encarga a
los alumnos que transcriban del libro de lengua al cuaderno unas páginas.
El
último libro que en verdad le interesó fue "El hombrecito de gris",
que por casualidad lo encontró mientras limpiaba y ordenaba su cuarto. Pero por
motivación por parte de algún maestro, salvo algunos casos, no le invitaban a
leer.
Era la
tarde del martes él había tomado una combi de regreso a casa y cuando se disponía
a centrarse en evitar dormir a toda costa, un joven de pelo crespo, que vestía
camisa negra y un pantalón gris, llevaba consigo una mochila de la cual hizo
aparecer un reproductor de sonido, uno portátil. Se presentó; era de la
Universidad Nacional de San Agustín de la facultad de Literatura.


Rimando
Entonces
con un ritmo atrapante le dio play a su boca.
Discúlpeme señor, discúlpeme señora, y es
que yo no traigo cumbia de corazón serrano que usted adora. Ni mucho menos le
traigo álbumes de al fondo hay sitio. Bien
yo solo digo lo que pienso, y si se ha dado cuenta la justicia en este país está
por el piso.
La policía de esta extorsionando pero ellos
viven de lo que tu estas pagando, y si te tratan como un delincuente no es tu
culpa, dale gracias al presidente, que arrancar el problema de raíz, y cambiar
al gobierno de nuestro país. A la gente que está en la burocracia a esa gente
que le gustan las migajas. Yo por eso me quejo y me quejo, porque aquí es donde
vivo y yo ya no soy un pendejo que no se da cuenta de los puestos del gobierno,
hay personas que se están enriqueciendo.
Gente que vive en la pobreza, nadie hace
nada porque a nadie le interesas, la gente de arriba e detesta hay más gente
que quiere que caigan sus cabezas, si le das más poder al poder más duro te va
a venir a joder. Porque fuimos potencia mundial, somos pobres, nos manejan mal.
Porque no nacimos donde no hay que comer,
no hay porque preguntarnos como le vamos a hacer. Porque nos llevan por donde
les conviene, y es nuestro sudor lo que los mantiene, los mantiene comiendo pan
caliente ese pan de nuestra gente.
Es devastador ver que hay más gimnasios
formando musculosos, pero que tienen el cerebro tuberculoso. Y mujeres de plástico
que les gusta el reggaetón donde son el centro de atención, pero nada más son
tratadas como objetos sexuales lo cual no son.
-
Gracias por su atención, abran un libro, culturícense y
buenas tardes- finalizo el joven.
Gilbert
le dio un sol por su performance y el buen ritmo. Pero más que todo le había quedado
la idea de leer. Era raro que alguien desconocido te invite a leer y uno le
haga caso.
Al llegar
a casa, Gilbert rápidamente entro a su cuarto y cogió el libro que tiempo atrás
le venía interesando. Tenía imágenes, lo cual le atraía mucho en los libros. Desempolvo
la tapa y leyó: -“el caballero Carmelo”.
Esa misma
tarde lo había terminado de leer, pero le dio vuelta y volvió a leer, estuvo en
ese plan hasta por cuarta vez consecutiva. Le gustaba el Carmelo quería uno
igual, hidalgo, imponente, soberano, se había convertido en el libro favorito
de Gilbert.
Para su
suerte el domingo al medio día su papa sintonizaba Radio Programas del Perú,
estaba por comenzar “mi novela Favorita” con Mario Vargas Llosa. Ese domingo se
transmitió “el caballero Carmelo”. Fue esta la situación que hizo del libro de
Valdelomar para Gilbert uno de los mejores que había leído.

