jueves, 18 de junio de 2015

Génesis literario
El inició de un gusto, un pasatiempo, una lectura. Música que cambia la forma de pensar e inspira. El libro favorito de Gilbert.
Mientras despierta observa las cortinas moverse con el  vaivén del viento que se escurre por la ventana. Mientras se levanta le hecha un fugaz vistazo al horario que está en la pared. Gilbert mentalmente repasa la tarea que hizo la noche anterior, se cerciora de que su mochila este lista y termina de quitarse el pijama para ducharse.
Su madre lo apresura a cambiarse y a sentarse a la mesa para desayunar. Con la habilidad de un contorsionista se desprende de la toalla y logra vestir el uniforme que diez años lo ha acompañado. La vida en cuarto de media ya no es tan fácil como en primaria.
No le gusta llegar muy temprano porque se aburre esperando a que todos lleguen. Prefiere salir de casa a tiempo ni más ni menos. Así que a pesar de las órdenes de su madre se toma su tiempo para tomar sus cosas y dirigirse a su colegio.
Son siete y cuarenta, Gilbert es el sexto en llegar de los veinte estudiantes que ocupan el salón al fondo en el tercer piso del primer pabellón. Está ansioso ya le gustaría irse a casa, observa el reloj que cuelga en la pared del salón. Últimamente su maestra de lenguaje no le motiva a leer nada, siempre encarga a los alumnos que transcriban del libro de lengua al cuaderno unas páginas.
El último libro que en verdad le interesó fue "El hombrecito de gris", que por casualidad lo encontró mientras limpiaba y ordenaba su cuarto. Pero por motivación por parte de algún maestro, salvo algunos casos, no le invitaban a leer.
Era la tarde del martes él había tomado una combi de regreso a casa y cuando se disponía a centrarse en evitar dormir a toda costa, un joven de pelo crespo, que vestía camisa negra y un pantalón gris, llevaba consigo una mochila de la cual hizo aparecer un reproductor de sonido, uno portátil. Se presentó; era de la Universidad Nacional de San Agustín de la facultad de Literatura.
Rimando
Entonces con un ritmo atrapante le dio play a su boca.
Discúlpeme señor, discúlpeme señora, y es que yo no traigo cumbia de corazón serrano que usted adora. Ni mucho menos le traigo álbumes de al fondo hay sitio.  Bien yo solo digo lo que pienso, y si se ha dado cuenta la justicia en este país está por el piso.
La policía de esta extorsionando pero ellos viven de lo que tu estas pagando, y si te tratan como un delincuente no es tu culpa, dale gracias al presidente, que arrancar el problema de raíz, y cambiar al gobierno de nuestro país. A la gente que está en la burocracia a esa gente que le gustan las migajas. Yo por eso me quejo y me quejo, porque aquí es donde vivo y yo ya no soy un pendejo que no se da cuenta de los puestos del gobierno, hay personas que se están enriqueciendo.
Gente que vive en la pobreza, nadie hace nada porque a nadie le interesas, la gente de arriba e detesta hay más gente que quiere que caigan sus cabezas, si le das más poder al poder más duro te va a venir a joder. Porque fuimos potencia mundial, somos pobres, nos manejan mal.
Porque no nacimos donde no hay que comer, no hay porque preguntarnos como le vamos a hacer. Porque nos llevan por donde les conviene, y es nuestro sudor lo que los mantiene, los mantiene comiendo pan caliente ese pan de nuestra gente.
Es devastador ver que hay más gimnasios formando musculosos, pero que tienen el cerebro tuberculoso. Y mujeres de plástico que les gusta el reggaetón donde son el centro de atención, pero nada más son tratadas como objetos sexuales lo cual no son.
-         Gracias por su atención, abran un libro, culturícense y buenas tardes- finalizo el joven.
Gilbert le dio un sol por su performance y el buen ritmo. Pero más que todo le había quedado la idea de leer. Era raro que alguien desconocido te invite a leer y uno le haga caso.
Al llegar a casa, Gilbert rápidamente entro a su cuarto y cogió el libro que tiempo atrás le venía interesando. Tenía imágenes, lo cual le atraía mucho en los libros. Desempolvo la tapa y leyó: -“el caballero Carmelo”.
Esa misma tarde lo había terminado de leer, pero le dio vuelta y volvió a leer, estuvo en ese plan hasta por cuarta vez consecutiva. Le gustaba el Carmelo quería uno igual, hidalgo, imponente, soberano, se había convertido en el libro favorito de Gilbert.

Para su suerte el domingo al medio día su papa sintonizaba Radio Programas del Perú, estaba por comenzar “mi novela Favorita” con Mario Vargas Llosa. Ese domingo se transmitió “el caballero Carmelo”. Fue esta la situación que hizo del libro de Valdelomar para Gilbert uno de los mejores que había leído.


Playaso
Retorno a lugar conde nace la tierra y el mar. Odisea de un sábado por la noche. El ocaso de la visita y la bienvenida de gotas de lluvia.
La playa es inmensa. Gilbert es capaz de recorrer toda la costa  durante muchos minutos y ver las olas como le intentan alcanzar y no se cansa de pisar fuerte en la arena mojaba y ver ese efecto que el agua que escurre de donde se presiona. Eran las vacaciones del 2015 a inicios de febrero cuando el padre de Gilbert propuso ir de viaje a la playa en la camioneta. El tema salió a flote en otra mañana en la que todos estaban presentes, Álvaro, hermano de Gilbert había sugerido que sea a fin de mes.
Hacia cuanto tiempo que no viajaba a la playa, 4 años que no fue a pasar el verano junto al mar. Anhela su magia en el atardecer, la vida nocturna llena de exposiciones de arte, conciertos, y lugares para visitar. Y la brisa marina que al despertar por la mañana rosaba su piel y de cierta manera aliviaba la insolación por el día anterior que estuvo sin bloqueador.
El primer contacto con el agua del mar, olas que traen historias de quien sabe que lugares, puertos, islas, bahías y playas habrá tocado esa agua. No esta fría, no como el agua que sale de su pilón en su casa, esa agua es hielo liquido congelante al tacto.
Hace memoria y recuerda las playas de Lima, esas aguas son tranquilas, no tiene olas rompiendo violentamente por la fuerza del viento. Por lo tanto no existe la sinfonía que componen las olas al romper una tras otra. No en Lima es para que se entre al mar y uno se deje llevar por el vaivén de las ondas que pasan muy a menudo sin llegar a formar olas considerables.
Es sábado por la mañana, 11:00 horas exactamente, ha entrado ya varias veces al mar, el mar lo ha revolcado un par de veces, pero Gilbert también le hizo frente con unos clavados. Ahora le retuerce un poco la cabeza por el poder de las olas y la sal y el agua que se escurrió dentro del oído.
Ahora se para enfrente y observa a la naturaleza trabajar, porque es sábado y necesita divertir a las personas que acuden a sus playas. No muy lejos observa la bandera de advertencia que el salvavidas puso apenas llegó. Se cuestiona sobre el significado de los colores de las banderas.

 
Cuestiones
Le divierte lo que concluye en su pensamiento. Así mismo se dice, los colores de las banderas son códigos que indican el grado de peligrosidad del mar y que todos respetan. Bandera roja y negra es mar peligroso uno no se puede meter. Bandera azul mar bueno, es la bandera que casi nunca se ve. Cuando se pone bandera blanca es que se perdió alguien, un niño por decirlo y la gente se amontona y cuando encuentran al niño todos pasan en procesión aplaudiendo a la madre que no dejo de buscar, y ese es un momento en el que a uno le da ganas de preguntar si -“¿ya me puedo meter al mar?”- y es que está faltando información sobre el mar.
De momento recuerda que es la bandera amarilla la que cuelgan muy seguido, que como él y otros saben significa mar dudoso. Sarcásticamente resuelve; resulta que el mar hoy se despertó “dudoso”, entonces se imagina preguntando al salvavidas - ¿puedo entrar al mar?-; - ahh nose.- responde es salvavidas. Pero debe respetar porque ellos cuando aún no hay nadie en la playa se adentran en el mar viendo si esta fuerte la corriente, y todo factor que define el color de la bandera.
Gilbert sigue caminando por la playa y llega al muelle y como ya imaginaba siempre hay gente pescando, con sus cañas y anzuelos preparados con antelación. Algunos padres que por primera vez enseñan a sus hijos como es que encallan algunos botes.
Al regresar al estacionamiento; donde estaba la camioneta y donde había intentado dormir a noche anterior; y le viene a la memoria el suplicio de esa noche. Luego de haber ido al malecón para un concierto regreso a la camioneta extendió algunas mantas en la tolva del auto y se recostó, sin embargo unos metros a la derecha un auto encendía sus parlantes a todo volumen como haciendo acto de presencia. Perturbando el sueño de Gilbert.
Fue una larga noche, pudo distinguir desde rock, salsa, merengue, pop, criollos, huayno y lo que no soporta escuchar, música chicha. Pero nada le importo a sus parpados que en menos de media hora comenzaron a entregarse a los brazos de Morfeo. Al día siguiente el panorama fue totalmente diferente, las consecuencias de la noche anterior.
Luego de tres días transcurridos en la playa la tarde del tercer día seria para la partida de vuelta a casa. Peo deseaba contemplar por última vez el ocaso en el mar. Y como adivinando su partida el sol le obsequio un genial atardecer en colaboración del mar.
4 horas después de haber partido llegaba a casa exhausto por el viaje y la insolación, Gilbert deseaba un vaso de agua refrescante para su sed. En Arequipa estaba lloviendo, y las gotas de lluvia refrescaban el rostro de Gilbert.
 

cronica: Maldita tos

Maldita tos
El encuentro con uno de sus más grandes enemigos patológicos. Postrado en su cama reflexiona ya que no puede hacer otra cosa. La tos redentora de un pensamiento.
La primera gripe del año, la de junio, estuvo bien. Apenas tuvo calentura, el cuerpo algo adolorido, los estornudos clásicos pero repetitivos. Todo manejable y en control, diría que no es tan fuerte como la última gripe. A Gilbert le recetaron reposar en cama por un día; un día que, conectado al fin de semana, le vino de maravilla como le cae un feriado a los universitarios de la San Agustín y a escolares de los colegios público.
Gilbert se dio tiempo para leer unas historietas, ver películas de superhéroes, actualizar este el Facebook y aplicaciones en su celular, relajarse y olvidar el mundo de informes, trabajos, impresiones, amanecidas, ayunos, ruido y bullicio en que normalmente se desenvuelve como universitario. Hasta desea por dentro enfermarse otra vez para poder entregarse a esos placeres solitarios tan gratificantes, que son la razón de que viva así: sin compañía, acostumbrado a ser el dictador maniático que gobierna su tiempo, sus apetitos, sus antojos, sin molestar a nadie, sin que nadie le moleste.  
Esta vez ha sido muy distinto. Los dioses de la fiebre hicieron eco de sus absurdas plegarias y quizá para burlarse de él, como diciendo ah tu eres el pequeño mortal que pide enfermarse allá abajo, me mandaron una plaga que me ha tenido por más de seis días atado a la cama: una gripe atroz que le obligó a ir a Emergencias  porque una noche que dejo de tomar el mate que su madre le preparaba se le cerro la garganta, sintió como si alguien con una gran mano le estrujaba la garganta cuando quería inhalar aire.
Van siete días de postración. Siete días de transpiración continua, estornudos aparatosos, toses que importunaban el desayuno, almuerzo y comida, catarro vespertinos. Siete días sintiendo la cabeza a más de 30 grados, y sintiendo los escalofríos más espantosos que su cuerpo recuerde. Siete días tomando solo líquidos calientes e ingiriendo un menú digno de cuidados intensivos. Siete días rodeado de medicinas: Claritromicina de 500, Prednisona de 50, Paracetamol de 100, Alercet de 100 y un jarabe naranja, Respibron, que es como Fanta caliente, que al final no me hacen ningún efecto.
Esta vez no ha podido leer mucho sus historietas y, como las luces le marean, la televisión no ha sido la compañera que es cuando se siente aburrido, ahora le hace sentir más pesada su cabeza. Su único pasatiempo ha sido pensar. Pensar, por ejemplo, en las personas que han estado pendientes de él, que le han brindado atención, engreimiento y calma. Las que más le han mensajeado en esos días.

 
Preocupación
Su madre, su hermana y su mascota eran quienes se preocupaban más, de hecho más de lo debido, veían a Gilbert decaído y sin ánimos de hacer algo, todo el día postrado en la cama. Su madre le consentía más que en ocasiones anteriores, le llevaba refresco, algunas hamburguesas al medio día y unas frutas luego del almuerzo. Por otro lado su mascota, Puca un cruce de algún perrito de pequeña estatura con otra perrita de mediano porte, lo miraba como pidiéndole que la visite al techo para poder reposar en sus piernas un rato siquiera.
Cuando alguien te brinda esas lecciones de generosidad y entrega, dándote más de lo que tú darías estando en su lugar, te invade una mezcla de admiración y vergüenza. En este caso, Gilbert admiraba a su familia, vergüenza por el que no hizo lo mismo cuando alguien enfermaba. Ojalá tuviera un quinto de toda esa paciencia, de todo ese cariño, ese apego, esa voluntad, ese amor desinteresado.  
Pero no lo tiene. Es solamente un ser egoísta que se jacta de su independencia, de su soberanía, de vivir solo en el cuarto que sus padres le confirieron, pero que en el fondo necesita afecto, y que teme que ese afecto sea una atadura para luego tener que devolver favores, aunque sabe que lo haría desinteresadamente, una limitación para viajar por que extrañaría demasiado el afecto que recibe en casa, conocer mundos, y tener experiencias vitales que sean material para sus escritos que hace de vez en cuando en un cuaderno que encuentre pero que guarda celosamente.
 Será acaso esa su más grande enfermedad de pretender que su familia sabe que él los quiere con todo su ser. Pero que no sabe cómo demostrarles su afecto, porque piensa que no es tan cursi como para ir y abrazarlo como si fuese el primer abrazo entre un padre y su hijo o cuando la madre ve por primera vez a su primogénito y lo estruja con cariño.

 

crónica: dueños de la Barraca

Dueños de la Barraca
Sin miedo a la obscuridad recorren todos los pasadizos. Limpian de pies a cabeza el centro comercial. La Barraca es el centro de atención por las noches.

En las cercanías del centro comercial la Barraca son las 04:00 y el movimiento de la ciudad reaparece.  Las fundas plásticas y pequeños papeles se alzan y vuelan en un pequeño torbellino con el viento frío de la madrugada.  Los trabajadores de barrido  del centro comercial, se apresuran a su “zona”, treinta y ocho filas, que serán limpiadas en menos de dos horas.

Renato Chipa, de 30 años, con una bufanda de color verde, una capucha roja, gorro, y  overol azul, comienza su jornada en los pasadizos ahora desolados.  Sus 4 compañeros, todos varones, se han separado. Es Domingo.

Desde hace cuatro años trabaja para la Barraca. Es sacrificado, pero está acostumbrado a madrugar y laborar todos los días de la semana. “Es un trabajo digno y profesional”, reconoce. 

Lleva consigo una escoba y un gran recogedor hecho por él mismo de un palo y la base de un tacho de gasolina. “Para recoger la basura  botada por la gente, los sábados en la noche, se requiere de un recogedor con boca grande”, dice el joven con una familia de tres que tiene que alimentar. También lleva tres fundas negras adicionales que servirán para completar su labor.

Con unos guantes verdes de caucho, Renato escudriña parsimoniosamente los canales de agua del patio de comidas. Allí  encuentra de todo, desde tusas de choclos asados, papeles y fundas, hasta vidrios. El cuidado es extremo para no cortarse.

 Las lámparas del alumbrado público se apagan, ya son las 06:00, dice el superior del grupo, quien se apresura, tiene una hora para completar su primera de cuatro jornadas del día y aún le falta 10 pasadizos. Los vehículos comienzan a circular por San Juan de Dios y la gente empieza a abrir sus negocios.

Alrededor de las bancas del patio de bicicletas, los desperdicios se amontonan y hace falta una de sus fundas negras para depositarlas. Al frente, en cambio, el problema se centra en los macetones, que no tienen flores. El cree que las colillas de cigarrillos dispersas y que suman unas 200, las han quemado.

Los trabajadores de recolección, del centro comercial, llegan al pasadizo de sale a San Juan de Dios y descargan los desperdicios de los basureros y los llevan fuera para que el camión recolector se lo lleve. Renato ayuda a la tarea y da la bienvenida a Lorenzo Sánchez, su compañero de labores. Él se ocupa de los pasadizos de golosinas y barre alrededor de una del poste donde quedo un poco de los desperdicios, sin alzar su cabeza.    
El carro recolector siempre está unos metros antes de la esquina con 28 de julio. Esta es una de sus múltiples técnicas de compactación. Renato también aprisiona una botella con una mano. La otra, ya está ocupada con el recogedor. Para aprovechar el tiempo, apilona la basura al borde de la vereda, junto a la pista. Luego la recoge.

En épocas de navidad, fin de año y fiestas de Cuenca, el joven se levanta más temprano, a las 03:00 o 4:00,  porque los clientes consumen y ensucian más. También se duerme más tarde a las 02:00, hay que esperar que las actividades nocturnas concluyan para barrer y evitar que la Barraca esté sucia.

El frio cede y el sol de las 6:30 calienta la vereda izquierda de la esquina de calle San Juan de Dios.  El hermano de Renato, Julio Chipa, también trabajador de barrido, conversa segundos con él y le pide apresurarse. Su hijo Josue, de 10 meses, la espera para que lo lleve al colegio.  
 
Descanso

En cada pasadizo, Renato se demora cerca de 10 minutos. Los pasadizos más difíciles están entre la zona de bicicletas y comida. Su recolector resulta pequeño ante la cantidad de basura que tiene que recoger.
Ahora debe lidiar con las cajas que sacan los dueños de los puestos, el incremento visible de gente que camina. El polvo, que ella misma propicia cuando pasa la escoba por el filo de las gradas, le obliga a sacar su pañuelo y cubrir su rostro.        
 Renato termina a las 07:00, en el pasadizo azul. Empuja su carro donde cuelgan, además, tres fundas de basura llenas, y vuelve a su casa para desayunar junto a sus hijos y parcialmente ocuparse de los quehaceres de su hogar.   
  
A las 09:00, en fila los carros recolectores, ya descargados, están estacionados en el depósito de limpieza del centro comercial en el sótano. El personal llega de a poco a la segunda jornada.   


La todos ellos son varones. Renato luego de haber llevado a su hijo a estudiar llega con su desayuno que luego de terminarlo descansara hasta la 18:00 horas que termina la última jornada.

 Jhon, de 26 años, en cambio, acompañará a su supervisor a su recorrido de rutina por unos minutos y volverá a descansar hasta el medio día que acaba su turno.

En la segunda jornada, Renato encarga de toda los pasadizos de peluches. Pero antes, se detiene en los contenedores del patio para descargar su carro.

 Le espera un largo trabajo, que termina en la tarde, en ese mismo centro comercial luego que todos los compradores y vendedores se hayan ido.  El lunes la rutina de las 05:00 inicia nuevamente, esta vez con más basura por barrer.

 

Crónica: el gran concierto

EL GRAN CONCIERTO

El concierto que más ansioso lo había tenido. Ivonne, la Invitada especial era lo más esperado. La expectativa quedo de lado al presenciar el cierre del concierto.

Él había estado esperando este concierto por un largo tiempo. Un año y medio, para ser más precisos. Fue allí con la emoción de un niño que he de  descubrir nuevos territorios. Un impresionante edificio que se va a tener el honor de albergar tal evento. Gilbert dibujaba una sonrisa tonta que no se detuvo ni el nudo que tenía en el estómago de ir de un lado al otro. Con sólo una cámara como su armadura, se adentró de ese lugar como lo haría en un templo.
Se veía a los organizadores que estaban corriendo por todas partes. Se le ha dado algunas insignias que iban a permitir su acceso en todo el edificio. Un sueño perfecto, vaya a la derecha por delante de la sala de conciertos. Todo estaba en calma. La sala estaba casi vacía. Había una atmósfera de fin del mundo. Nada del pasado importaba. Nada desde el futuro tampoco. El tiempo se suspende. El humo se escondía detrás de los músicos que estaban haciendo sus últimas afinaciones.
A lo lejos, al echar un vistazo diviso a Luis Fernando y este será el primer contacto de la noche. Era como si estuviera  orientándolo, para asegurarse de que él estaba en el concierto de la derecha. Luis era la prueba de que no estaba muy lejos. En momentos como este, su cerebro se niega a aceptar la realidad como es.
Una gala también fue organizada por el Centro Cultural Peruano Norteamericano. Les habían dicho que Cristian Valdivia no iba a estar allí. Sabiendo que él tuvo un percance en el camino. Eso no le impidió pesar de mantener un ojo en la entrada del teatro durante toda la noche esperando a que llegue el tecladista.
Estaban anunciando que la primera parte con el desempeño de Luis Fernando en la batería estaba a punto de comenzar. Así que vuelve a la sala de conciertos luego de ir por una bebida y todo el público ya estaba allí. La atmósfera había cambiado. Todo era eléctrico. Tomo asiento y espero a que el espectáculo comience. Observa a un amigo suyo; se sienta a pocos asientos en frente de Gilbert. Parecía muy interesado por la actuación del joven músico. Está seguido por quien parece ser su hermano, muy tímido, pero siempre sonriente. Él tiene algo familiar...; Gilbert hace un poco de memoria y si lo recuerda, lo vio en el colegio unos años atrás. Están ahí, frente a él y simplemente no puede creer lo que veía, cuanto ha crecido al parecer los años afectan a todos por igual.
Las canciones de Héctor Vera; el vocalista de la banda; están muy buenas y él está estableciendo el estado de ánimo. Él da su agradecimiento al Centro Cultural por su apoyo. Se anuncia el fin de su actuación y el público le echa de menos ya. Él está visiblemente tocado y, al final, todos hemos tenido un gran tiempo.
Romina y Cesar, los presentadores de la noche, suben al escenario. Organizan la rifa cuyos ganadores deben haber ido a casa muy feliz esa noche. El suspenso no iba a durar. Gilbert estaba temblando de impaciencia. Pero a pesar de lo anunciado, Gilbert le gusta que lo esperado. Durante todo este tiempo, las preguntas estaban marchando sobre lo que la invitada de la noche. ¿Qué va a usar?, ¿Cómo está su pelo?, ¿El pelo lacio o rizado?, ¿Qué pasa con las canciones? ¿Será el repertorio de Blues? Un sinfín de preguntas que se reúnen en un bullicio naciente. Algunos fans comienzan a impacientarse. Gilbert se pone a gritar junto, pero se doy cuenta de que es el único en su área. Grita por último ¡¡¡Ivonneeee!!!  Y se sienta. Sus ojos estaban por todas partes. Se decía a sí mismo que tal vez ella iba a entrar por la parte de atrás de la sala, al igual que para el concierto en Lima. Uno puede llegar a ser tan paranoica en momentos como este.
Y de repente, ve... ¡Daniel! ¡El compañero de voz de Ivonne! Fue una gran sorpresa, porque nunca había lo visto antes. Se sienta justo en frente de Gilbert. El cuadro está completo. Sólo hay una cosa que falta... ¡ahí está! ¡Ivonne! En el escenario, mientras que las personas están gritando. Una, la presencia inmutable imperial, aún más porque se detuvo a un lado de la etapa con una gran sonrisa. Su chal rojo sangre con incrustaciones de oro aumenta la sensación de estar frente a una reina. No va a tocar el suelo más. Y no es porque está saltando. Está volando.

Goce
Las luces son perfectas. Está bañado en colores cálidos de color púrpura, rojo o naranja, que la hacen aún más hermosa. Descalzo, que aparece en la parte delantera del escenario; eso hizo que las cámaras se vuelven locos. Podemos escuchar las primeras notas de Beautiful. No pudo haber sido un mejor comienzo. Las primeras canciones son sus grandes éxitos. Entre Siempreviva, Live, La diferencia o Think, Gilbert puede ver su vida entera pasar ante sus ojos.
El público está a sus pies. Blues blues, escuchamos su voz perfecta ponerse en canciones que ni siquiera nos atrevemos a murmurar: I Guess I Loved You, Broken now,  ¿Usted sabe adónde vas? o Ángel. Este último tiene mucho sentido cuando Ivonne se dedica al público, al referirse al amor invisible...
Humana - un momento de pura alegría cuando ella permite a la audiencia a cantar el coro y para decirle lo mucho que les gusta hablar de ella.
Alfonsina y el mar - una puesta en escena encantadora, con el sonido del agua en todas sus formas. El agua como elemento primordial, esencial para la vida y por lo tanto, esencial para la música.
En este concierto, Ivonne se encontraba más sensible de como se la conocía. Había algo en sus ojos, en sus gestos, en sus manos que se apuntan en los puntos invisibles en el aire que le hizo sentir de esta manera. La emoción de volver a casa tarareando los temas. Pero Gilbert sintió que la emoción más intensa y profunda que solía hacer, como un grito en el interior.
Decir más sobre esto significaría entrar en los detalles de lo inimaginable. La última imagen que guardaba Gilbert en su mente era Adagio, desde el primer bis. A Ivonne le tocó interpretar una canción que hizo estremecer a todos en la audiencia. Echa un vistazo a las velas que iluminaban el escenario durante toda la noche y se da cuenta de que empiezan a salir uno por uno, prediciendo el final de una velada llamada magia. Y todo lo que ha vivido esa noche estará grabado en su mente. Gilbert es feliz por haber asistido al concierto de Jazz y Blues.